Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, afirmó en una entrevista con el pódcast Relentless que la humanidad ya está comenzando a vivir la “singularidad” tecnológica: el escenario en el que la inteligencia artificial supera las capacidades cognitivas humanas, mejora por sí misma y desencadena transformaciones imprevisibles en la sociedad.

Qué es la “singularidad” según Altman

El término singularidad tecnológica describe un punto hipotético en el que el progreso de la IA se vuelve tan rápido y autosuficiente que resulta imposible de predecir o controlar con las herramientas actuales. Durante años ha sido una idea más propia de la ciencia ficción y el debate académico que de declaraciones oficiales de directivos de empresas de IA.

Que el CEO de OpenAI lo mencione ahora como algo que “ya está ocurriendo” - y no como una posibilidad lejana - marca un cambio notable en el tono público de la compañía, coincidiendo con el lanzamiento de la familia GPT-5.6 y los preparativos de OpenAI para su salida a bolsa.

Contexto: no es la primera vez

Altman ha hecho declaraciones similares en el pasado sobre la proximidad de la inteligencia artificial general (AGI), pero esta es una de las afirmaciones más directas hasta la fecha sobre que el proceso ya habría comenzado, no que esté por llegar.

Reacciones mixtas esperables

Este tipo de declaraciones suele generar división de opiniones: para algunos refuerza la narrativa de que OpenAI lidera una transformación histórica, mientras que críticos del sector suelen señalar que declaraciones de este tipo también sirven para justificar valoraciones de mercado muy elevadas, especialmente en un momento en que OpenAI se prepara para una posible salida a bolsa valorada en 730.000 millones de dólares.

Qué significa en la práctica

Más allá del debate filosófico, la afirmación de Altman llega en un contexto de lanzamientos acelerados (GPT-5.6, ChatGPT Work, Presence) que sí muestran una capacidad creciente de los modelos para actuar de forma autónoma en tareas complejas. Si esto constituye o no una “singularidad” real sigue siendo, por ahora, una cuestión de interpretación más que un hecho verificable.